La Contracultura de Federico Álvarez del Toro
Margarita Aguilar Ruiz

Contracultura es un testimonio de la pulsación de la cultura, un reencuentro bullicioso con lo más silencioso de cada uno. No hay mayor osadía humana que llegar al clímax del silencio mismo en donde todo lo más ruidoso se agazapa confundido entre temores y conveniencias. La osadía del Mtro. Federico Álvarez es precisamente ese reencuentro, la convocatoria insoslayable a nuestros propios mutismos.
El derecho a la vida tiene implícito el derecho a manifestarse, a exhalarse desde lo disímbolo hasta lo más contrastante. Por ello y como todo lo que cobra forma en este universo no es casualidad que en 1968, año que declara Naciones Unidas como el año de los Derechos Humanos, también lo sea en el que el termino contracultura se acuña por parte de Theodore Roszak. No hay mayor libertad humana que la posibilidad infinita a reinventarse en un sinnúmero de códigos expresivos.
Federico Álvarez nos comparte con una suavidad y pasión, semejantes a la de un Director de Orquesta Sinfónica, su manifiesto por el reencuentro de nuestras más sensibles fibras, las que se encuentran entretejidas de cotidianidad.
Se llama contracultura a los valores, tendencias y formas sociales que chocan con los establecidos en una sociedad.
Federico Álvarez nos recuerda que el referente de la propia vida tiene que ser contracultural para sentirla y no solo sobrellevarla en un abismo anti sensorial. La magia de estas líneas sin fronteras es que sin alerta de ningún tipo desnuda a las tribus urbanas, pueblerinas y las desarraiga con su agudeza que nos refleja en la extrema sencillez y claridad de sus propios paradigmas que palpitan como la vida misma.
Leer La Contracultura es como caminar a lado de un personaje inmortal de la cotidianidad, de los mercados, dar la vuelta en la esquina de cualquier barrio a medio día, sentarse en una banqueta de inquietudes chispeantes y temores atrevidos… y sorber la vida en la belleza que es su contracultura. |